Einstein no comía guisantes

Posted on agosto 17, 2016 
Filed under Publicado en el diario Las Provincias

Einstein

Agárrense bien a la silla si no quieren caerse de culo, y prepárense para escuchar algo que va a cambiar por entero el sentido de su existencia, o cuando menos a alterar para siempre la imagen que tenían de uno de los más importantes genios de la especie humana: a Einstein no le gustaban los guisantes.

Confieso que la noticia me ha sacudido. Tanto, como saber que a Antonio Banderas se le ha empezado a caer el pelo (a la tierna edad de cincuenta y seis tacos), que la famosísima Miley Cyrus viaja en compañía de un juguete sexual, que Burkina Faso ha prohibido la exportación de burros a China, que una iguana intentó comerse una bola de golf durante un torneo celebrado en Puerto Rico, o –cuidado, que ésta viene recién salida del horno– que Genghis Khan se aprovechó del clima para conquistar Asia. Noticias todas ellas halladas sin demasiado esfuerzo en los diarios y digitales españoles de las últimas semanas. Por cierto: no me digan que no era un listo, este Genghis.

No se si es que –como sostienen los más veteranos en el oficio– el papel de imprenta es tan sufrido que aguanta todo lo que le eches encima, o si se trata de la típica reacción de los medios ante la ausencia de noticias de peso propia del paréntesis veraniego, yo diría que especialmente discutible en un agosto como este, con Olimpiadas en Río y sin gobierno en Madrid. O si, por el contrario, es la proliferación de medios digitales, capaces de almacenar y difundir un número ilimitado de datos, la responsable de que se haya diluido la –por otro lado discutible– frontera entre lo trascendental y lo anecdótico. O si lejos de ser una cuestión estrictamente periodística, somos nosotros los que nos hemos convertido sin darnos del todo cuenta en una sociedad que, maltratada por los problemas cotidianos, busca en los diarios más una forma de evasión que un medio de información. O si, sencillamente, nuestros editores piensan que el lector medio va a ser incapaz de entender noticias complejas, y prefieren darle otras más a tono con su capacidad de comprensión. Pero si un día como otro cualquiera permite tropezarse con todas esas genuinas chorradas –y algunas de mayor calibre que he desistido de referir– en el papel de nuestros diarios, es que algo va mal en esta sociedad.

Aunque tal vez no todo esté perdido: hace algún tiempo leí que en la ciudad rusa de Rostov del Don un hombre recibió un disparo –por fortuna, sin consecuencias– en el transcurso de una acalorada discusión con un amigo en torno a la “Crítica de la Razón Pura”. Confieso que la noticia me reconcilió con el género humano: aunque sea en un lugar tan remoto como Rostov, aun hay quien es capaz de tomarse en serio a Kant. No me digan que no es reconfortante. Especialmente si tenemos en cuenta que nuestro apasionado filósofo andaba mal de puntería.

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