Política de notables (o no tanto)

Posted on octubre 14, 2015 
Filed under Publicado en el diario Las Provincias

Kichi

Quienes tengan afición por la historia política del diecinueve español a buen seguro estarán familiarizados con esa interminable saga de nombres ilustres que pueblan nuestros libros de historia, nuestros diarios de sesiones, y hasta nuestros callejeros. Pero probablemente no todos sean conscientes de que, en un sistema político en el que el sufragio estaba restringido de manera tan rigurosa que apenas alcanzaba a unos pocos cientos de miles de españoles, en un periodo de nuestra historia en el que el desarrollo de los partidos apenas llegaba más allá del estrecho marco del parlamento, y en una sociedad en la que solo una exigua minoría participaba en política, esos notables rara vez se representaban más que a si mismos, y sus partidos nunca pasaban de ser minúsculas camarillas cuyas reuniones podían con holgura celebrarse en torno a una simple mesa de camilla.

Quienes, en cambio, tengan afición por la historia política del veintiuno español, seguramente pensarán que la imagen en color sepia de aquellos próceres –hasta la palabra suena anticuada– con su bastón de caoba, su terno de lana y sus mostachos engominados se halla literalmente en las antípodas de las de nuestros políticos de hoy en día, tan informales en el vestir, tan espontáneos en el trato, tan familiarizados con las redes sociales y, lo que es más importante aun, tan hechos a “pisar la calle”. Pero a menudo las apariencias engañan, y a nada que uno rasque sobre la superficie de la noticia y haga abstracción del aspecto de sus protagonistas, habrá de admitir que aquello que no sin sorna de solía llamar “la política de notables” sigue viva y coleando entre nosotros.

Y es además practicada con fruición por quienes más se suponía que debían abominar de ella. Vean si no el sainete de la confluencia de la izquierda que llevan desde hace meses protagonizando los iglesias, los laras, los garzones, y tutti quanti se creen que representan algo en el escenario político a la izquierda del PSOE. Tipos que en su vida han sumado media docena de votos mal contados, a los que no les sonroja presentarse como “candidatos a la presidencia del Gobierno por”; líderes de corrientes de opinión integradas en partidos subsumidos en coaliciones a quienes las encuestas apenas garantizan un tres o un cuatro por ciento de los sufragios, a los que se les llena la boca hablando de la “unidad popular”; cenutrios que después de haber hundido su propio partido, se sacan de la chistera otras siglas con las que hacer borrón y cuenta nueva; tertulianos a tiempo completo persuadidos de que el share de sus programas no cuenta televidentes adormilados sino votantes efectivos; líderes “con una amplia experiencia en organizaciones de base” que solo se atreven a participar en unas primarias bajo el seguro paraguas de las listas avaladas por su líder nacional…

¿Política de notables, en pleno siglo veintiuno? Ya quisiera yo. De suspensos, más bien. Con la asignatura “Sentido de Estado” pendiente para el próximo curso.

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